Revista N° 60 - 2013

Actualidad Internacional

El crisantemo y los jaguares

Por Carlos Moneta
Director de la Especialización en Economía y Negocios con Asia del Pacífico e India, de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Desde la década pasada, Japón se halla en un proceso de redefinición de su política exterior ante la necesidad de adaptarse a los profundos cambios regionales y globales. Se generan, por lo tanto, nuevas situaciones y desafíos, que conducen a la aplicación de políticas diferentes.

“Aquí, tierra ubicada a media luz del cielo  nosotros, a quien alguien engañó con tiempo  e hizo madurar hablamos de futuro”

E-Makimono

 

Japón ha superado enormes obstáculos a su desarrollo tras la Segunda Guerra Mundial. Entre ellos, ocupa un lugar relevante el terremoto de grado 9, seguido por un tsunami y un accidente nuclear, que sufrió en marzo del 2011.

Pese a ello, el país continúa ocupando la posición de tercera potencia económica mundial, desempeñando un importante rol en la nueva con-figuración del sistema internacional que está surgiendo, tanto en su dimensión regional como global.

Japón mantiene vastos programas de cooperación con los países en desarrollo y de innovación y competitividad en múltiples áreas, conservando siempre su alto nivel tecnológico. Es líder en temas de cambio climático y de conservación ambiental, así como en la generación y uso de fuentes alternas de energía. Obtiene, además, avances de primer orden en el área de la salud y el desarrollo sustentable.

Terremoto, Tsunami y después…

Tras diferentes intentos infructuosos por parte del sistema político nipón de superar los efectos de la década perdida de los años noventa, en los últimos días de agosto del 2011, se elige un nuevo primer ministro, Yoshihiko Noda, del Partido Democrático, el sexto en cinco años. A Noda –ex ministro de Finanzas– le corresponde la tarea de organizar y financiar la operación de reconstrucción más importante que enfrenta Japón desde la Segunda Guerra Mundial, resolver la crisis nuclear y frenar la apreciación del yen, que presentaba su cotización más alta de las últimas décadas.

En ese marco, la oficina del gabinete del primer ministro estimó las pérdidas en infraestructura social, vial y de comunicaciones, vivienda, localización y equipamiento del sector empresarial y otros stocks de capital vinculados a los desastres naturales y el accidente nuclear del 11 de marzo del 2011, en el orden de los 16,9 trillones de yenes.

La crisis conduce a un nuevo cambio de gobierno. Contando con una enorme mayoría, el 27 de diciembre del 2012 la Dieta japonesa designa a Shinzo Abe, líder del Partido Liberal Demócrata, como nuevo primer ministro.

Abe, quien había sido primer ministro entre 2006 y 2007, debe enfrentar un país que transita una economía en recesión y un difícil panorama en el marco de su política exterior en Asia Pacífico, dadas las crecientes tensiones con China Popular –a causa de una disputa territorial por las islas Senkaku (o Diaoyu para los chinos).

En su presentación ante el Parlamento, el primer ministro Abe señaló que el país se encontraba en una situación crítica, y prometió un nuevo programa económico, con una expansión fiscal a gran escala, que permitiera alcanzar un crecimiento del PBI del tres por ciento. Este contaría con fuertes inversiones en infraestructura. Desde el punto de vista financiero, puso énfasis en la necesidad de combatir la deflación, para lo cual entendía que el Banco Central de Japón debía llevar a cabo una expansión casi ilimitada de sus aportes para lograr una reactivación económica.

El esfuerzo en el marco interno requiere un contexto global adecuado. Japón debe adaptar su política exterior a las nuevas circunstancias

Shinzo Abe propone un pre-supuesto récord de 10,3 trillones de yenes (116 billones de dólares) para el año fiscal 2013, que representan un 2,2 por ciento del PBI. El gobierno también solicita al Banco Central de Japón que adopte una política monetaria más agresiva, que permita a las empresas de sociedad nipona contar con un abundante flujo de fondos, mediante un objetivo de inflación del orden del 2 por ciento (frente al 1 por ciento en esos momentos). Con esa propuesta el actual gobierno espera generar seiscientos mil puestos de trabajo. Con ese propósito el Banco de Japón anunció que en enero del 2014, pondrá en marcha un sistema para adquirir mensualmente –sin fecha límite– activos por un valor equivalente a 108 mil millones de euros (de los cuales 16.700 millones corresponderán a bonos del gobierno). El plan no pone el énfasis en las políticas de bienestar social, sino en el incremento del gasto en obras públicas y en el área de defensa.

Dado que Japón necesita recuperar rápidamente un sendero de crecimiento para poder hacer frente a las obligaciones de su deuda pública (la mayor de los países desarrollados, que supera el doble de su PBI), entre las medidas que se sugieren para una estrategia a adoptar para el mediano plazo, se encuentran las siguientes:

Naturalmente, el esfuerzo a llevar a cabo en el marco interno requiere contar con un contexto adecuado en el sistema global. Japón debe, en consecuencia, adaptar su política exterior a las nuevas circunstancias.

¿De la declinación veneciana a un nuevo orden internacional?

Desde la segunda mitad de la década pasada, es dable observar que Japón se halla inmerso en un proceso de redefinición de su política exterior ante la necesidad de adaptarse a los profundos cambios regionales y globales en marcha. Ellos incluyen, entre otros factores, la respuesta a generar ante el ascenso político y económico de China e India, en un contexto ahora favorable a los países emergentes y las dificultades que Japón enfrenta en el marco económico.

Las autoridades del Ministerio de Relaciones Exteriores afirman, en ese sentido, que Japón debe participar activamente en la construcción de un mundo estable y pacífico, una condición necesaria para la prosperidad del país. Surge la necesidad de que se superen las tradicionales visiones introspectivas y que –apoyado en la alianza con Estados Unidos y en una más estrecha relación económica y política con la UE- Japón haga uso de sus fortalezas, no sólo en el seno de Asia Pacífico, sino más allá de ésta. Dicha tarea se llevaría a cabo con la participación de distintos actores de la sociedad y el Estado nipón, que incluirían, además del gobierno nacional, las ONG, empresas, gobiernos locales y otros agentes.

Al constituir actualmente el espacio asiático un área sometida a pulsiones entre potencias externas y países de la región, Japón enfatiza su deseo de fortalecer ese espacio mediante acciones bilaterales de cooperación con los países vecinos (China, Corea del Sur, ASEAN, Australia e India) y el establecimiento de Tratados de Libre Comercio. En un contexto más amplio, desarrolla redes trilaterales de cooperación, como Japón, Estados Unidos y Corea del Sur; Japón, Estados Unidos y Australia; y Japón, Estados Unidos e India, utilizando esquemas multilaterales.

Resulta necesario señalar que la visión nipona sobre el sistema internacional-global y los instrumentos utilizables por su política exterior se tornan más complejos y sofisticados. Surge ahora, y se pone en práctica, el concepto de múltiples redes interactivas en distintos campos.

En el caso de Asia Pacífico, pueden establecerse mediante redes multilaterales de diálogo con la Asociación de Países del Sudeste Asiático (ASEAN) y con los miembros de la Comunidad de Asia del Este, así como por vía de distintos Tratados de Libre Comercio y Asociaciones Económicas Estratégicas (por ejemplo ASEAN más Corea del Sur, China y Japón).

Se cuenta, además, con las redes bilaterales y trilaterales entre Japón-Estados Unidos; Corea del Sur y Japón; Estados Unidos y Australia; Australia, Japón, China y Corea; y Japón, Estados Unidos e India, cuya actuación comienza a adquirir peso a partir de 2011. Se las concibe como redes abiertas a todos los países de la región, pudiendo incluir también a las ONG, expertos, ciudadanos y firmas privadas.

En este contexto, se estima esencial poder contar con la participación de la República Popular China. Japón considera que, sin alterar su alianza con Estados Unidos, debe procurar cooperar efectivamente con China para crear una comunidad regional políticamente estable y económicamente consolidada.

La gran visión japonesa contempla la gradual construcción de una Comunidad del Pacífico con una presencia pacífica y activa de Estados Unidos

Es, en un contexto de esa naturaleza, donde sería posible generar redes en las cuales los países de la región –junto a Estados Unidos y China– deseen tomar parte espontáneamente. A esos efectos, poder concretar diálogos políticos con Estados Unidos, China y los actores más importantes de Asia Pacífico, resulta crucial.

En suma, la gran visión japonesa contempla la gradual construcción de una Comunidad del Pacífico que incluya una presencia pacífica y activa de Estados Unidos.

Nuevos espacios geoeconómicos

El gobierno nipón decidió, a fines del 2010, promover asociaciones económicas estratégicas y Tratados de Libre Comercio con sus principales contrapartes comerciales y un conjunto seleccionado de países emergentes y en desarrollo. Ejemplos de esta nueva posición son los TLC firmados con Perú en mayo de 2011 y con India, en vigencia en agosto de 2012; las negociaciones relativas a un Acuerdo de Asociación Económica con la Unión Europea y con Australia, así como las conversaciones en pos de un TLC trilateral entre China, Corea y Japón.

Con una envergadura aún mayor, surgen en noviembre del 2011 las negociaciones para alcanzar un Acuerdo de Asociación Económica Regional Integral (RCEP), que tiene como base avances realizados previamente entre los países de ASEAN, China, Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda, India y Australia para concretar un TLC ASEAN + 6.

Este proyecto, basado en un enfoque intra asiático apoyado por China –que contempla en sus cláusulas la situación de los países con menor desarrollo de ASEAN– se adecua a las normas actuales del GATT y la OMC. Se contrapone así, con el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, marzo de 2010), liderado actualmente por Estados Unidos.

El TPP incluye hasta ahora en su negociación a esa potencia, Singapur, Brunei, Nueva Zelanda, Chile, Australia, Perú, Vietnam, México y Canadá, habiéndose sumado también Japón a fines del 2012. Como ha sido claramente señala-do por los negociadores estadounidenses, ellos esperan que constituya la base para alcanzar un TLC que permite incorporar en el futuro a todos los miembros de la APEC (Conferencia Económica de Asia Pacífico). El Acuerdo tiene el propósito de concretar amplios y profundos avances con respecto a las actuales reglas de la OMC en términos de la liberación del comercio de bienes y servicios.

El modelo industrial nipón ya no puede ser aplicado con el rigor y la dimensión con que contó en el pasado. Se necesitan políticas diferentes

El objetivo de la administración Obama es que el TPP –conjunta-mente con la Asociación Económica Transatlántica en negociación entre Estados Unidos y la Unión Europea– configure la plataforma en base a la cual se lleven a cabo las negociaciones comerciales en el mundo. La superpotencia puso fuerte énfasis en ciertas áreas de negociación –como la estandarización de los sistemas de regulación entre las partes, particularmente para las cadenas de suministro y la competitividad– que según la escasa información a que se accede parecen estar negociándose de manera compatible con los intereses de las corporaciones estadounidenses.

En ese contexto, Japón desea preservar su capacidad de control sobre sus sectores sensibles (como el agrícola), pero no ha podido hasta ahora obtener seguridades por parte de Estados Unidos de que serán respetadas.

La incertidumbre que pesa sobre las garantías, las fuertes presiones del lobby agrícola y de distintos sectores políticos nipones, generan dudas sobre cuál será la posición que finalmente pueda adoptar el actual gobierno. En este momento el país participa simultáneamente en las negociaciones de dos proyectos que resultan funcionales a su intención de contar con la presencia de Estados Unidos y la China en Asia, pero que expresan con claridad visiones geopolíticas y geoeconómicas diferentes.

El sector externo

El modelo económico japonés, vigente hasta fines de la década del noventa del siglo pasado, incluyó un Estado que intervenía en la conducción económica de manera concertada con el sector privado; alta capacidad de ahorro y un sistema educativo que propiciaba la igualdad. No obstante, el modelo industrial nipón, caracterizado por la estrecha relación entre la administración gubernamental y las empresas, la existencia de grandes grupos industriales cerrados, articulados con el sector bancario y relaciones de trabajo organizadas a partir de un objetivo de estabilidad, ya no puede ser aplicado con el rigor y dimensión con que contó en el pasado.

El Ministro de Industria y Comercio Internacional ve así erosionada su reconocida capacidad de orientar a las empresas en sus estrategias de inserción externa y desarrollo. Su sucesor, el Ministerio de Economía, Comercio e Industria, tampoco pue-de remontar las nuevas corrientes. Lo impide la independencia financiera y estratégica alcanzada por las grandes corporaciones. Estas, a su vez, enfrentan la reducción de la competitividad en sectores en los cuales gozaban de un importante predominio, como los productos electrónicos para el gran público, el sector automotriz y la construcción naviera. Asimismo, la emergente competitividad del resto de Asia del Pacífico va a ejercer una presión sustantiva sobre la economía nipona, contribuyendo a la reconfiguración de la estructura productiva del país.

Se generan, por lo tanto, nuevas situaciones y desafíos, que conducen a la aplicación de políticas diferentes. Por ejemplo, revirtiendo la notable continuidad de una política que desalentaba la presencia de IED en la isla, el gobierno ahora promueve la incorporación de inversiones extranjeras para el desarrollo del país. De igual manera, ya no se puede ni conviene mantener el sistema de empleo de por vida. Los jóvenes profesionales, más individualistas, desean incorporar experiencias de trabajo distintas y emigrar a otros horizontes y empresas; estas situaciones orientan, en este sector, hacia el modelo americano de trabajo flexible.

En el contexto de los cambios introducidos, es preciso señalar que este país ha puesto en marcha una nueva política industrial en el año 2010, que proyecta incrementar las exportaciones japonesas por vía de cinco sectores privilegiados:

  • Industrias vinculadas con la infraestructura.
  • Avances en el campo de la energía de última generación.
  • Industrias culturales (moda, manga y turismo).
  • Medicina y salud.
  • Distintas tecnologías de punta (como robótica, nanotecnología, industria aéreo espacial, y tecnologías de información y comunicación).

En ese marco, durante los últimos años se expandió, en términos de áreas geográficas y de sectores, la actividad de las empresas niponas, incluyendo las del sector no manufacturero, aprovechando que la estructura de división internacional de trabajo en Asia del Este se está modificando: los bienes intermedios son comercializados en el interior de la región y los bienes finales, son exportados hacia el exterior de la misma. Asimismo, la declinación previa de la producción japonesa, dada la incidencia del terremoto del año 2011, está siendo gradualmente superada.

La tasa de producción en el exterior se está elevando, debido a la apreciación del yen y otros factores, generando el crecimiento de la IED japonesa durante los últimos años. En ese contexto, se observa que las empresas que producen en el exterior están expandiéndose en sus ventas y número de empleados, más que otras localizadas en Japón.

Por otra parte, dada la presencia en el país de muchas empresas medianas y pequeñas que cuentan con excelentes tecnologías y productos, que aún no se han aventurado al exterior, existe un amplio espacio para el crecimiento económico nipón. La incorporación de las Pyme está generando crecientes actividades de negocios en el exterior, por lo cual el gobierno decidió adoptar medidas de apoyo a su acción.

El déficit que presentaba el sector servicios está decreciendo, a partir de la obtención de superávits en el comercio japonés con Asia. Cabe destacar que la nueva estrategia de inserción externa privilegia líneas basadas en las industrias de servicios intelectuales, que aportan valores intangibles (know how y marca).

Asimismo, la promoción de Asociaciones Económicas Estratégicas y TLC fortalecen las vinculaciones de Japón con la economía mundial y le permiten participar como creador de reglas a nivel regional y global, indispensables para mejorar y garantizar el ambiente de negocios e inversiones para Japón.

En este contexto, resulta estratégicamente muy importante poder vincular el crecimiento nipón con el de otros países, por vía de la captura de sus demandas. Japón impulsa la exportación de infraestructura a las economías emergentes centradas en Asia, América Latina y Caribe y otras regiones.

Por último, se focalizan como áreas de promisorio crecimiento futuro, las industrias destinadas a dar solución a problemas sociales y de calidad de vida (salud, equipamiento médico, cuidado de personas y conservación de energía), las industrias creativas (cultura, moda y turismo), los sectores industriales que cuentan con mayores avances tecnológicos (próxima generación de vehículos y aviones, industria espacial, etcétera) y todas las actividades vinculadas con la satisfacción de las necesidades de consumo de la nueva clase media mundial en formación.

Japón y América Latina

En su evaluación de la situación latinoamericana y caribeña, los documentos oficiales japoneses reconocen avances en los procesos democráticos y en el incremento de su presencia e importancia en la economía mundial. Señalan positivamente el crecimiento obtenido por nuestra región en los últimos años y ponen énfasis en su carácter de exportadora de alimentos, energía y minerales, incluyendo tierras raras.

Para profundizar las relaciones bilaterales, Japón aplica políticas diplomáticas basadas en tres pilares: el fortalecimiento de las relaciones económicas, apoyar el desarrollo estable de la región y avanzar en la cooperación internacional.

En este marco, Japón ha emprendido un nuevo esfuerzo de incrementar su posicionamiento en Latinoamérica mediante el ejercicio de una activa diplomacia económica. El ministro de Relaciones Exteriores, Fumio Kishida, emprendió una gira que comprendió a México, Perú y Panamá en abril de este año, con el propósito de promover el comercio y mejorar el ambiente de negocios con la región. Teniendo en cuenta el crecimiento regional y que Japón ha prácticamente duplicado su intercambio comercial con América Latina durante la última década e incrementado su IED en la misma (si bien ambas se hallan concentradas en un pequeño grupo de países), América Latina vuelve a presentarse como un socio económico destacado.

En cuanto se refiere a la dimensión económica de las relaciones, el gobierno apoya a las compañías japonesas por medio del establecimiento de Acuerdos de Asociación Económica, Tratados de inversión, sobre impuestos y otros temas legales, así como mediante consultas con los gobiernos latinoamericanos.

Japón también promueve activamente el desarrollo de la infraestructura mediante el aporte de empresas de esa nacionalidad. Procura proveer sofisticadas tecnologías, entre ellas los trenes de alta velocidad y el tratamiento del agua y del medio ambiente.

De igual manera, a partir de un enfoque de ganancias mutuas, trabaja para asegurarse un flujo estable de recursos naturales y alimentos.

Cabe señalar que Japón propuso en una Cumbre del G8 en 2009, la creación de un marco internacional de promoción de inversiones en el sector agropecuario. Además, fijó sus propios lineamientos vinculados con la promoción de la inversión extranjera directa para la seguridad alimentaria. Esas orientaciones incorporan criterios sobre la sostenibilidad de la agricultura en los países receptores de inversiones, la transparencia y respeto a las normas jurídicas, la consideración adecuada de la situación de los agricultores y ciudadano, la dimensión ambiental y el suministro de alimentos.

A partir de esos principios, países del Mercosur (la Argentina, Paraguay y Brasil) han sido incorporados a una lista de candidatos para ampliar la cooperación en materia de seguridad alimentaria. Por lo expuesto, los sectores y actores latinoamericanos y caribeños vinculados a la producción agropecuaria, pueden ser objeto de transferencias de tecnología e importantes inversiones y asistencia técnica por parte de la Alianza público – privada nipona.

La evolución del comercio

Durante la década 2000–2010 el comercio de LAC con Asia Pacífico se expandió con una tasa de crecimiento mucho mayor que la correspondiente a los intercambios con Estadios Unido y la Unión Europea. En la segunda mitad de la década, las exportaciones de LAC al AP más que triplicaron las realizadas a nivel mundial. En ese contexto, el crecimiento de las importaciones provenientes de China y del resto de los países asiáticos, también fue superior a las importaciones totales.

El gradual proceso de concentración del comercio en la República Popular China ha generado una fuerte declinación relativa del papel de Japón en los intercambios con LAC. Japón, a mediados de la década del 80, daba origen a más del 70 por ciento de las importaciones latinoamericanas y caribeñas desde AP.

Según datos de la CEPAL, en 2008 Japón importó de Centro y Sudamérica 27.448 millones de dólares, y exportó a ese destino 40.684 millones. Un año más tarde las importaciones se redujeron a 20.160 millones de dólares y sus ex-portaciones se contrajeron a 35.116 millones, bajo los efectos de la crisis financiera global.

En 2010 se registra una recuperación en ambos sentidos y durante el año siguiente, el intercambio comercial continúa creciendo: las importaciones, hasta los 34.699 millones de dólares y las exportaciones a 44.104 millones.

De acuerdo con estadísticas de la OMC, en el sector de productos agrícolas las exportaciones de América del Norte, Europa y Asia, superan ampliamente a las latinoamericanas. Si bien esta situación es cierta, se pueden constatar los importantes avances registrados entre 2005 y 2010 por las exportaciones de LAC al Japón y por las que este último hiciera a nuestra región, con porcentajes de crecimiento anual casi iguales (12,5 por ciento para LAC y 12,6 por ciento para Japón). No obstante, al examinar su peso en el total del comercio de ambas partes, se observa que LAC sólo cubre una porción reducida del comercio total nipón: 2,4 por ciento de sus exportaciones y 3,9 por ciento de sus importaciones.

Cabe señalar que durante el período 2005-2010 LAC fue el segundo socio más dinámico de Japón (el primero, China). Las exportaciones niponas hacia nuestra región crecieron con mayor velocidad que las realizadas con el resto del mundo. En cuanto a sus importaciones desde LAC, sólo fueron superadas en el ritmo por la Comunidad de Estados Independientes

Las exportaciones latinoamericanas y caribeñas muestran una situación equivalente con respecto al Japón. Exceptuando los casos de Costa Rica, México, El Salvador y Panamá, el núcleo central de las exportaciones de LAC no excede una canasta de tres productos básicos que cubren, en promedio, casi el 83 por ciento de las exportaciones totales al Japón.

En el período 2005-2010, las exportaciones niponas hacia nuestra región crecieron con mayor velocidad que las realizadas con el resto del mundo

La situación planteada resulta de particular relieve, ya que, manteniendo la situación de primarización que caracteriza al conjunto de las exportaciones de LAC al Asia Pacífico, se presenta un mayor grado de concentración, siendo este rasgo del carácter interindustrial del intercambio uno de los principales desafíos que debemos abordar en nuestras relaciones con Japón.

Se requiere poder avanzar en la formación de cadenas de valor regionales/subregionales e incorporarse a las cadenas de producción globales, donde Japón ocupa un lugar relevante. Tanto Brasil como la Argentina, Colombia, Perú y Uruguay, están avanzando en la modernización de sus exportaciones. Esta circunstancia podría facilitar que se alcance un esfuerzo concertado entre esos países para negociar con Japón una cooperación en materia de transferencia de conocimientos y experiencias de innovación e inserción en cadenas de valor e internacionalización de nuestras empresas.

Empresas manufactureras niponas e IED en América Latina

La presencia de IED nipona es aún relativamente reducida en nuestra región, donde no pudo contarse con un encadenamiento industrial y de inversiones en cascada (Japón-Dragones-Tigres) de las características que tuvo el proceso de inversión generado en Asia Pacífico.

En 2011 un incremento de las inversiones en LAC de Japón, con-dujo a que abarcaran el 8 por ciento del total de IED, correspondiéndole el quinto lugar entre los inversores extranjeros. Este retorno, aún limitado, de las inversiones niponas a LAC –que permiten crear bases de producción que representan una valorización de sus capitales en la región– responde también a la competencia que se establece con otras empresas e inversiones asiáticas, particularmente con las de China.

En este marco, con la excepción del sector de maquilas en México y, en menor grado, en Brasil, se observan pocas inversiones vinculadas a sectores de producción de alto contenido tecnológico, que pudiera contribuir, de mediar políticas adecuadas de nuestra parte, a una canasta de exportaciones latinoamericanas y caribeñas más diversificadas.

Por ejemplo, para su localización la IED japonesa en América Latina y el Caribe siguió ciertos criterios. Ha preferido realizar inversiones en países que efectuaron reformas de apertura de sus economías, en aquellos que constituyen centros de distribución o plataformas de acceso a terceros mercados, en los que ofrecen nodos de acceso al Pacífico y/o a subregiones de América Latina, a los que poseen una abundante oferta de recursos naturales o constituyen grandes mercados. Este espectro contribuye a identificar cuáles pueden ser los distintos factores de atracción para nuestros países y como utilizarlos de la mejor manera posible.

América Latina mantiene un 63,4 por ciento en cuanto al interés en expandir o mantener las operaciones por parte de las empresas japonesas

Otro elemento a tener en cuenta al formular las estrategias relativas al papel que deseamos cumplan las empresas transnacionales niponas y sus inversiones en América Latina y el Caribe, son los periódicos análisis que realiza el Banco de Cooperación Internacional del Japón para determinar las expectativas y orientaciones de IED que asumen las empresas de su país.

Estos estudios son relevantes, porque permiten determinar los planes de localización de la IED a corto y mediano plazo en nuestra región y los sectores en que es dable esperar se efectuarán. De igual manera, el contenido de los cuestionarios que envía el Banco de Cooperación Internacional del Japón a las empresas presenta con claridad, las ventajas y obstáculos que ellas perciben para sus operaciones.

Si bien las evaluaciones que consideran cuáles son los países que presentan situaciones más promisorias en el marco global en el corto plazo (tres años), sólo incluyen por parte de LAC a Brasil y México, las referidas específicamente a la región destacan, en términos generales, que está teniendo una buena evolución. Mientras otras regiones pierden posiciones, América Latina en su conjunto mantiene un nivel de 63,4 por ciento en cuanto corresponde al interés en expandir o mantener las operaciones por parte de las empresas japonesas, destacándose, además de los dos previamente citados, Perú, Chile y Colombia.

Lamentablemente, por razones que son señaladas con precisión en las encuestas del Banco Central de Japón, nuestro país no se encuentra actualmente incluido entre aquellos en los cuales se estima percibir las mejores condiciones para la realización de negocios. Se requiere, por lo tanto llevar a cabo un esfuerzo concertado entre el sector público y privado para modificar esa situación. La negociación de sus orientaciones y términos adquiere, en consecuencia, un papel fundamental. Por lo expuesto, se requiere contar con políticas, estrategias, instituciones, recursos humanos y legislaciones adecuadas a esos efectos.

A modo de conclusiones

Empresas niponas e IED

El interés por ampliar la presencia y participación de las empresas niponas en las regiones en desarrollo, al igual que el deseo de expandir las industrias de servicios en el exterior, resultan compatibles con la intención latinoamericana y caribeña de atraer nueva y mayor IED nipona. De igual manera, la expansión del área servicios ofrece la oportunidad de establecer distintos tipos de asociaciones, mejorando nuestra capacidad de acción interna e internacional.

Japón procura maximizar la libertad de maniobra de sus empresas e inversiones, no aceptando restricciones a sus operaciones de negocios, asigna, además, fuerte énfasis a la protección de la propiedad intelectual. Como contraparte, incorpora programas de cooperación a sus acuerdos que pueden resultar muy importantes para los países sede. En consecuencia, a la par de esas rígidas condiciones, deben tenerse en cuenta las posibilidades que, en principio, ofrecen en términos de innovación tecnológica, incorporación a cadenas de valor internacionales, cooperación técnica y asistencia financiera.

Si bien es dable esperar que continúe un ciclo muy positivo para LAC en términos de precios de los commodities durante esta década (y quizás, también en la próxima), es como mínimo, necesario, enfrentar los presentes obstáculos en nuestros países para la diversificación y el incremento del valor agregado a las exportaciones y el desarrollo científico y tecnológico, si se desea evitar una nueva versión de las relaciones Centro – Periferia en el siglo XXI. Japón puede cumplir un importante papel en este contexto.

Por otra parte, nuevas posibilidades surgen de la orientación estratégica que están adoptando las empresas transnacionales niponas a favor de las industrias y servicios focalizados en medio ambiente, salud y mejora de la calidad de vida.

Si bien por su carácter tiende a privilegiar países, regiones y sectores de mayor desarrollo, existe un espacio a relevar para los países de nuestra región. Lo será no sólo en términos del interés por sus mercados, sino por los ámbitos de acción que se presentan en el nuevo contexto internacional (cambios en la distribución del poder), en el económico-financiero (nuevos acto-res en competencia), en el productivo (descentralización de las cadenas de valor internacional, tercerización de las actividades de I+D) y en la flexibilidad y multidimensionalidad que pueden adoptar en su actividad las organizaciones sociales y económicas.

El interés por ampliar la presencia nipona en regiones en desarrollo se conjuga con la intención latinoamericana de atraer nueva y mayor IED nipona

Relaciones comerciales

El incremento que se ha logrado durante los últimos años en el comercio bilateral entre LAC y Japón, no ha logrado aún aumentar las posibilidades de diversificar nuestras exportaciones a ese destino, superar las situaciones de déficit en los flujos ni modificar la concentración actual de los intercambios en un pequeño grupo de países.

En ese marco, Japón continúa manteniendo una política proteccionista con respecto a sus sectores sensibles (como agricultura, entre otros). Esa posición conserva su vigencia aún en el caso de las negociaciones del TPP, situación en la cual el gobierno nipón procura preservarla.

Con la excepción de cuatro países (Costa Rica, El Salvador, México y Panamá) las exportaciones latinoamericanas y caribeñas mantienen un alto porcentaje de concentración (82,2 por ciento) en una canasta de bienes primarios que no supera los tres productos por país.

Sin embargo, los países mencionados han logrado incrementar el valor agregado de sus productos (particularmente, por vía de las tecnologías de información y comunicación); en particular, Costa Rica se ha incorporado a varias cadenas de valor internacionales donde participan Japón y China. Esa experiencia confirma la posibilidad, aplicando políticas adecuadas, de modificar el patrón exportador en plazos relativamente cortos.

Los escenarios de las próximas décadas parecen ofrecer mayores posibilidades para América Latina y el Caribe, no sólo de incrementar el valor agregado en las industrias basadas en recursos naturales, sino de ingresar en cadenas de valor internacional.

Esa incorporación resulta difícil si se intenta en forma individual. Mejores oportunidades surgen si se coordinan los esfuerzos por medio de la generación de cadenas regionales. De igual manera, es necesario aprovechar la capacidad en I+D en algunos sectores de punta de que disponen distintos países de la región, como núcleos de apoyo vitales para la negociación.

Vínculos financieros

Las autoridades financieras niponas, consideran que durante los próximos años, se ampliarán y profundizarán las interacciones financieras entre Japón, Asia Pacífico y Latinoamérica. Contribuirá a ese proceso el sustantivo incremento del comercio birregional, la dimensión que la población de ambas regiones adquirirá en términos del consumo global y los crecientes requerimientos de operaciones en monedas extranjeras y transacciones que demandarán las empresas de ambas partes.

En ese marco, además de la atención que requieren los movimientos de capitales y la conveniencia de concertar políticas que reduzcan el riesgo de crisis financieras, la evolución del precio de los bienes y la expansión del crédito, podrían conducir a generar un nuevo plexo de relaciones en el campo de las finanzas. Obtener avances en ese sentido, resulta muy importante para nuestra región, dada su necesidad de ampliar las fuentes de crédito e inversión externas.

TLCs regionales y transregionales

Acuerdos de la dimensión del RCEP y del TPP, en cuyas negociaciones participa Japón, poseen el poder de modificar profundamente las condiciones de vinculación externa de los países de América Latina y el Caribe en el sistema global. Entre otros factores, debe señalarse su capacidad de imponer indirectamente normas y prácticas en el comercio internacional. En ese carácter, requieren una toma de posición a nivel regional.