Artículo online - Publicado el 20-10-17

Reseñas y Comentarios

La industria y las finanzas

Por Redacción Archivos del Presente

En esta entrevista, Erik Reinert, autor de "La globalización de la pobreza: cómo se enriquecieron los países ricos y por qué los países pobres siguen siendo pobres", se remonta a los orígenes del capitalismo para entender las causas de la crisis europea y del crecimiento de la desigualdad en el presente siglo. Reinert es un economista noruego especializado en Economía del desarrollo e Historia económica y profesor de la Universidad Tecnológica de Tallin.

Archivos del Presente: ¿Cómo podemos explicar las causas de la actual crisis europea desde una perspectiva histórica?

Erik Reinert: Europa venía haciendo las cosas relativamente bien hasta más o menos la caída del Muro de Berlín. La idea de la Unión Europea nació con el proyecto de paz entre Alemania y Francia, y con la vieja idea de unificar y llegar al libre comercio entre países con un nivel de industrialización y de tecnología similares, lo que sería beneficioso para todos.

Esto se hizo hasta los años ochenta. España, por ejemplo, se incorporó lenta pero exitosamente, se estimuló la industria con créditos y en diez años se redujeron poco a poco los aranceles.

Pero con la caída del Muro de Berlín se cayó en un triunfalismo en el que se hablaba del fin de la historia, de que ya no habría más problemas porque el comunismo había terminado, y esto llevó a Europa a olvidar todas las reglas de juego que hasta entonces se habían respetado. De modo que dejó de ser un proyecto de integración simétrica para pasar a ser uno de integración asimétrica.

A partir del 1° de mayo de 2004, con la incorporación de los ex países de la Unión Soviética, que habían sido desindustrializados, comenzaron los problemas de Europa, mucho antes de la crisis financiera de estos días.

El mismo problema ocurrió con el euro, que en un principio era un proyecto para el núcleo de Estados más industrializados y fuertes. Esto hubiera funcionado muy bien, pero no fue así.

La crisis financiera cayó encima del problema de integrar un montón de gente desindustrializada. Limpiar las calles de Frankfurt por diez euros la hora era lo peor que le podía suceder a un alemán. Pero después comienza a integrarse gente que está contenta de hacer ese mismo trabajo por un euro la hora. El triunfalismo tras la caída del Muro de Berlín hizo que Europa se despistara de lo que había hecho tan bien hasta ese momento, como si de pronto hubiera olvidado sus propias teorías para optar por teorías anglosajonas, dejando de lado las de Europa continental.

A del P: Estas teorías explican el crecimiento de Europa de manera opuesta

ER: El origen del crecimiento europeo no está en la Revolución Industrial inglesa, está en el Renacimiento, en las ciudades italianas. Ahí se publicó Breve tratado de las causas que pueden hacer abundar el oro y la plata en los reinos que no tienen minas, hace 401 años. Muchos dicen que fue el primer libro científico sobre temas económicos. Antonio Serra, estando preso en una cárcel de Nápoles, se preguntó por qué el oro y la plata abundaban en los países donde no hay minas y cómo era que esos me-tales que los españoles sacaban de América terminaban en Venecia o en Ámsterdam.

Para esto se tenía una explicación muy básica que vale todavía. Serra hace dos dicotomías, distingue la economía de las finanzas de la economía productiva. No fue el primero en hacerlo, pero lo hace de un modo muy elegante: dice que si la economía real no va mal, se puede arreglar la economía jugando con las variables financieras sin que éstas afecten la economía real. Hace mucho hincapié en que hay que controlar a las finan-zas y en que no hay que dejarlas que hagan lo que quieran.

La segunda dicotomía es increasing returns y diminishing returns –retornos crecientes y retornos decrecientes–. Es decir, qué pasa con los gastos cuando se aumenta la producción. Si tus gastos suben, después de un cierto punto, tienes un retorno decreciente, si tus gastos bajan cuanto más produces, entonces tienes un retorno creciente.

Lo que notó Serra es que todo ese oro y plata iba hacia lugares donde se desarrollaban actividades en las que había un retorno creciente, de manera que al crecer el volumen de producción, los gastos bajan y atraen a muchos clientes, y entonces pueden aumentar los sueldos de los trabajadores, y al mismo tiempo bajar los precios, casi como un milagro. Es como un círculo virtuoso.

Independientemente de derecha o izquierda, están quienes dicen que la estructura económica es determinante y quienes dicen que no lo es

Desde el 1400 se sabía que las únicas islas de riqueza eran las ciudades, pero nadie sabía por qué, y Serra lo explicó. Tomó mucho de otro economista italiano, Giovanni Botero, que decía que el oro de Potosí y Jalisco vale menos para los reyes católicos que los aranceles de las mercaderías que vienen de Irán; y que Italia y Francia no tienen minas, pero son muy ricas porque tienen industria. El libro de Botero –Sulla Grandezza delle Città– se editó cuarenta y dos veces en cinco países diferentes entre, 1588 y 1688. La primera traducción al inglés fue en 1605, la segunda, en 1635. La raíz de la riqueza de Europa es que todos los países trataban de industrializarse. Desde el Renacimiento estas teorías se han expandido por todo el mundo, pero con el fin de la Guerra Fría este principio tan importante se ha perdido.

A del P: Es decir que la diferencia de perspectiva estaría en el papel que se le asigna a la estructura económica.

ER: Si tratamos de hacer un eje teórico, independiente de de-rechas o izquierdas, tenemos, por un lado, a quienes dicen que la estructura económica es determinante y, por otro, a quienes dicen que no lo es. Por ejemplo, cuando asume la presidencia George Washington, protagoniza un escándalo porque se viste con una tela hecha en Estados Unidos, rústica, cuando todos pensaban que iba a vestir de acuerdo a la última moda de París. Él dice que quiere enviar un mensaje a sus compatriotas: “vamos a tener que industrializar”. Lo mismo que pregonaban Lincoln, Stalin, Franco, Mussolini o Salazar, es decir, gente simpática y antipática, todos estaban a favor de la industrialización.

Por otro lado, están los que dicen que la estructura económica no importa, los fisiócratas, David Ricardo, Margaret Thatcher, los economistas neoclásicos y los neoliberales.

Mi punto es que lo que está a la derecha o a la izquierda se ha perdido. Un ejemplo, el economista Friedrich List, el gran teórico de la industrialización y de los ferrocarriles, era considerado un prócer tanto en Alemania Occidental como en Alemania Oriental.

A del P: Volviendo a Serra, para él el crecimiento de Europa se debía a la generación de actividades productivas y no al comercio internacional.

ER: Él decía que para saber si una ciudad era rica había que contar las profesiones, cuanto mayor era el número más rica era la ciudad. En cada una de esas actividades había retornos crecientes y barreras de entrada muy altas que determinan cuánto se gana y cuánto se les puedes pagar a los empleados. Eso es lo que observó Serra para Venecia. El cambio tecnológico, con altas barreras de entrada, tiende a aumentar los sueldos. Mientras que en la agricultura, normalmente, cuando hay un aumento de productividad tecnológico, bajan los precios en la misma proporción.

En base al crecimiento tecnológico Occidente se enriqueció. Estas mejoras en tecnología tienen una forma muy rara porque son muy fuertes –casi como explosiones– en poco tiempo. Es lo que hemos vivido en los 90 con las computadoras, cada vez eran más baratas y cada vez eran más poderosas. Esto también sucedió en la Revolución Industrial con el algodón. En unos años, a finales de 1700, la productividad de la mano de obra creció más de un 25 por ciento por año. Algunos economistas, como Adam Smith, atribuyen este crecimiento al comercio internacional, en cambio otros, como los economistas alemanes, dicen que la tecnología es la causa. Son dos apreciaciones distintas. Lo mismo se puede apreciar en las curvas de aprendizaje. Para hacer un par de zapatos normales, en 1850 se necesitaban 15 horas y media por hombre. Cincuenta años después, 1,7 horas.

Lo que pasa en el comercio internacional es que los países ricos exportan cuando la curva de aprendizaje es muy empinada, cuando el incremento de la productividad es alto; por el contrario, cuando esta curva es más chata, importan. Estados Unidos, por ejemplo, entre 1850 y 1900 exportó zapatos, ahora los está importando. Es un mecanismo que hace que los países ricos exporten pocas horas de mano de obra e importen muchas horas de mano de obra.

Por ejemplo, hace quince años, los productores más eficientes de pelotas de béisbol estaban en Haití y ganaban 50 centavos de dólar por hora; los más eficientes productores de pelotas de golf estaban en Massachusetts y ganaban 14 dólares la hora. Cuando Estados Unidos exporta pelotas de golf a Haití e importa pelotas de béisbol, el intercambio es 1 a 28. Los norteamericanos exportan una hora de los más eficientes del mundo e importan 28 horas de los más eficientes del mundo. Otro ejemplo, que enseña la importancia de los retornos decrecientes, se puede ver en la producción de bananas. Cuando en los 70 las plantaciones de Centroamérica sufren una plaga que posibilita a Ecuador ganar muchos mercados, la producción aumenta, pero al extenderse más allá de la provincia de El Oro, la productividad baja. Por cada banano adicional exportado, aumentaban los costes de producción. Lo opuesto del fenómeno descrito por Antonio Serra a Venecia.

Los países ricos exportan cuando la curva de aprendizaje es muy empinada; cuando esta curva es más chata, importan

A del P: ¿Y cómo podemos relacionar esta explicación del crecimiento e intercambio con la idea de integración económica?

ER: Friedrich List tenía un principio: un país primero tiene que industrializarse y después integrarse con otras naciones con un nivel similar de desarrollo. Cuando List escribió, Alemania estaba formada por treinta y dos Estados diferentes. Él decía que la integración era imposible si cada Estado no se industrializaba, que sólo cuando todos estuvieran industrializados sería posible una unión que funcione. Fue el primer visionario del mercado común europeo, la idea era una integración simétrica, una situación en la que todos ganan.

En la teoría neoclásica, el libre comercio es una meta per se, aún antes de la integración, y esto puede dar lugar a una situación donde los dos pierdan, como se puede ver hoy en Europa, donde todos, menos Alemania, están perdiendo. Esto puede llevar a la polarización del precio de los factores y no a la igualdad.

A del P: ¿Cómo juega en esta disyuntiva el capital financiero?

ER: La teoría económica es un poco cíclica. La primera crisis financiera internacional fue en 1720. Antes de la Revolución Francesa, los fisiócratas pensaban lo mismo que piensan hoy los neoclásicos, que el libre comercio está sobre todo. Lo que dio origen a la Revolución Francesa fue que el libre comercio llevó a la especulación en el precio de la harina; se ganaba mucho más dinero sacando la harina de París para esperar a que los precios subieran, que lo que se ganaba en producir pan. Adam Smith dice muy bien que no es por la bondad del panadero que tenemos el pan de todos los días, es porque tiene que ganar dinero. Pero el panadero gana dinero de una manera que ayuda a todos, no así el que compra granos para esperar que los precios suban, pues éste no hace al bien de todos.

Con respecto al capital financiero, de la misma manera se puede trazar un eje independiente de de-rechas o izquierdas. Están los que creen que es una parte natural del capitalismo, desde Marx o Lenin, que dijo que la última etapa del capitalismo era el capitalismo financiero, hasta Schumpeter, Keynes o Minsky, gente de todos los colores políticos. Y por otro lado, están los que no ven a las finanzas, como Ricardo, que en su teoría se olvidó del dinero. Y si no hay dinero en la teoría, no hay conflicto entre el dinero y la economía real. Cuando las cosas van bien, el capital hace de puente al crecimiento de la economía real. Cuando quiero hacer una fábrica o una casa, voy al mercado de capitales y me dan dinero para hacer algo constructivo en la economía real. Claro que prestar dinero a treinta años es aburrido, entonces inventan juegos que crean mucho capital.

Según la teoría de Minsky, la crisis nace porque el sector financiero crea mucho más capital de lo que el sector productivo puede absorber en manera rentable. Cuando el sector financiero imprime dinero, en verdad está imprimiendo deudas. Europa se está muriendo en deudas, porque hay una estructura donde el poder pasó de la política a la economía de finanzas y el sector financiero se come a la economía real. La finanza es un siervo bueno, pero como patrón de casa es terrible. Mario Draghi, por ejemplo, ha sido elegido por seis años al frente del Banco Central Europeo con un solo mandato, que no haya inflación. La cantidad de gente que va a morir de hambre en todo esto no le incumbe porque no es parte de su mandato. Esto lo han hecho con la idea de que no se pueden dejar cuestiones financieras a los políticos porque son todos irresponsables y hay que pensar en el largo plazo. Con esta lógica, la Unión Europea ha dado demasiado poder al sector financiero, y la economía real sufre enormemente en casi todos los países, menos en Alemania. La periferia de la Unión Europea que están atados al euro sufren particularmente porque ya no pueden devaluar y se van desindustrializando.

A del P: ¿Por qué no se puede corregir el rumbo?

ER: Primero, por intereses creados, como los llamó el economista norteamericano Thorstein Veblen. Hay mucha gente que está ganando mucho dinero haciendo pobre a Grecia. Y porque las teorías de Ricardo, que eran un producto de exportación, algo que Occidente vendió a las colonias para evitar que se industrialicen, se volvieron un boomerang. Europa es víctima de su propia propaganda. Europa hoy cree en lo que antes era una propaganda para las colonias.

China está jugando ahora el papel que antes jugaba Europa y Estados Unidos. Esto no es una crítica hacia los chinos, sino hacia los europeos y estadounidenses por no comprender lo que está pasando. Los norteamericanos están esperando que la amenaza china pase, como ocurrió con Japón, pero hay una gran diferencia porque los chinos están desarrollando la investigación científica básica. Y comparando con lo que pasó en Europa en el siglo XVII, cuando los franceses se quejaban de que los holandeses le copiaban todo y lo mejoraban, los chinos hoy están jugando el mismo papel que Holanda. Copian pero después van más allá. Respecto de la energía solar, por ejemplo, en Estados Unidos los intereses creados por la industria del petróleo y del carbón son políticamente muy importantes y los chinos en ese sector están invirtiendo mucho y logrando avances tecnológicos que se parecen a los de las computadoras de los años noventa.